Volvía a casa un viernes por la
tarde, ya anocheciendo. Entré en el metro cansado, con mi libro en la mano, deseando
llegar a casa. Cuando el tren llegó, encontré un asiento libre. Estaban
sentados enfrente de mí. Jota, con una cazadora vaquera gastada, llevaba una lata
de cerveza en la mano. Dé, con su nariz como una trompa de elefante escuchaba
música por un auricular, y hablaba a gritos a su compañero:
-Entonces, qué decides, ¿Los
Rolling o los Beatles?
Debían tener diecisiete años.
-Joder Dé, tío, eso es como
elegir entre Lupe la amiga de tu hermana y Carla la de segundo C.
Se puso las manos frente al pecho
con cara de malicia.
-No tienes ni idea, lo que pasa
es que no tienes personalidad. Los Beatles son para nenas, pero Mick Jagger es
un máquina, míralo cómo se mueve en el escenario, si parece un gato salvaje…Y
el Keith Richards, ese sí que es un pasado, chaval, sale a los conciertos con
unos pedos que lo flipas. Sus satánicas majestades, sí señor.
Se concentró en la música del
auricular que colgaba de su oreja izquierda.
-Janis Joplin, Get it while you can… Canturreó,
y marcó el ritmo con las palmas de las manos sobre sus rodillas. Qué tía más
fea, así cantaba…Dijo para sí.
-Tío.
Jota le pasó la lata de cerveza.
-Qué.
-Tú, cuando cumplas los
dieciocho, ¿vas a votar?
Dé le miró con su nariz-trompa,
curioso. Se quedó un rato callado, pensando.
-Yo qué sé chaval, la política es
una mierda. Tendríamos que hacer como los hippies en los sesenta, irnos todos
al campo a comer flores y hacerlo todos con todos, sería una flipada. O si no,
como en Rusia, ¿te acuerdas de lo que dice el profe de Historia? Es un
gilipollas. El comunismo es un sueño, vale, pero qué pasa si nos ponemos todos
de acuerdo. Los ricos lo quieren todo, no es justo…Mira, empieza Heroin, de Lou
Reed.
Iba a pasarle el auricular a su
amigo, pero se dio cuenta de que se había puesto serio de repente.
Heroin…¿Cuánto tiempo hacía que su hermano mayor faltaba de casa?
-Perdona, tío.
-No pasa nada.
Bebieron de la lata de cerveza
caliente. Pasaron varias estaciones. Se miraban las zapatillas gastadas, y
echaban furtivas miradas al cristal de enfrente.
-Vale, ahora voy yo, ¿Led
Zeppelin o Deep Purple? Preguntó Jota.
Se rascaba las patillas morenas y poco
pobladas.
-Vaa, tronco, qué fácil. ¿Tú has
visto cómo canta el de los Zeppelin, el
Robert Plant? Es electricidad pura, i rock
and roll! Qué aullidos… ¿Y el batería? Se murió de una borrachera de vodka con
naranja, el sobrao.
-Sí, pero tocaba como un batería
de jazz, era el mejor. Jota estaba de acuerdo, así que los dos se rieron y
cantaron a la vez:
-Wanna whole lotta love! You need cooling! Dé
blandió el puño frente a su cara, y Jota hizo como si tocara una guitarra
imaginaria. Baby I´m not fooling!
- Esta canción me recuerda a
cuando salía con… ¿sabes? Miró al suelo por un momento. Su nariz sobresalía de
la cara. Miró a su amigo, los ojos le brillaban.
-¿La has llamado otra vez? Tío,
olvídala, en serio. Esa va a acabar mal, se junta con una gente, en fin, es muy
rara. Estás mejor sólo. O con Sonia, la que te pasa los apuntes, es supermaja.
-Sí, pero no puedo quitármela de
la cabeza, la echo de menos. He escrito una canción, se llama “Tus pantalones
sobre la cama”. La ensayamos el jueves, ¿vale?
Jota miró al frente. No dijo
nada.
Estábamos llegando a la estación
de Tribunal. Se levantaron de sus asientos. Dé se miró en el reflejo del
cristal oscuro, y Jota se ajustó la cazadora vaquera, usada y vieja. Ahora
saldrían con hambre a por el viernes noche. Bailarían, beberían, reirían. La
vida le esperaba y ellos correrían hacia ella. Tocaban en una banda de rock, y
por eso les quería tanto.
Cuando salieron del vagón,
alcancé a oír al de la nariz, otra más, los Doors o la Velvet. Se confundieron
entre los grupos de jóvenes. Sonreí,
bajé la mirada hacia mi libro, y empecé a leer.