martes, 31 de enero de 2012

Burbuja inmobiliaria

“Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada”, dijo Gutiérrez, sosteniendo mi mirada desde sus ojos gris acero. Los míos estaban resecos después de cinco horas de reunión. Las cosas en la empresa iban de mal en peor. Seguramente, quebraríamos en pocos días. La crisis había transformado nuestra glamurosa inmobiliaria en un callejón sin salida. Una dulzona tarta a la que le habían aparecido agujeros de queso gruyere, por los que resbalábamos  como gusanos vestidos de traje gris marengo. “No puedo hacerlo, comprended mi situación”, protesté angustiado… Siempre había tenido mala prensa entre ellos. No es que no fueran capaces de vender agujeros sin ventanas a parejas sin contrato fijo, la razón era que yo, sin duda, era el que más pisos, buhardillas, oficinas, etc., colocaba… Un ejército de tiñosos. “Lo haremos  todos, sin excepción”. Las miradas se dirigían a mí, tensas, secas, entre las borrosas ondulaciones del humo del tabaco. “Será esta noche”, concluyó Gutiérrez…Esta noche nos jugaremos el pellejo. Esta noche cobraremos todos los atrasos. Esta noche reventaremos la caja o reventaremos nosotros.

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