miércoles, 16 de mayo de 2012


Y al otro lado de la ventana, nada de nada… Nada que se acercara  a la casa solitaria, entre bosques y montañas. Sólo el rumor del viento, que en un susurro me advertía de la soledad de mi encierro, de la vaga certeza de que todo era inútil, de lo insoslayable de mi destino. “Cede…, desiste…”. Recibía el mensaje con melancolía, apoyando la barbilla en mi mano, rascándome la descuidada barba que crecía  desde hacía días, recordándome el olvido de mí en que había caído. Estudiar una oposición a funcionario tal y como se estaban poniendo las cosas…  “Se te enfría la tortilla, hijo”, dijo mi madre, desde la cocina.

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