La última alma humana que quedaba en la Tierra se introdujo en la cápsula rumbo a otro planeta, decidida a trasplantar la especie. Una doctora en medicina, acompañada de cuatrocientos embriones humanos con la tecnología necesaria para desarrollarlos en un entorno amigable, y crear una comunidad ex terráquea. Sería la generación posterior al hundimiento, la que recibiría el encargo de continuar. Sus manos temblaban, y tarareaba una vieja canción con la boca seca. Miró por un lateral, deseando que comenzara el despegue, cuando vio aquellas figuras blancas y alargadas. Ya llegaban.
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