Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo, y no necesitaremos más mundo que el de nuestra sencilla habitación. Será el pequeño planeta en el que, solos ella y yo, derramaremos vino, nos miraremos a los ojos, haremos el amor... Mis manos acariciarán su cintura y no podremos evitar tener la piel de gallina. Después, ella susurrará, enseñando todos los dientes, y yo le preguntaré: “¿Qué tienes en la mirada, mi amor?” Entonces, mientras la beso como un adolescente por primera vez enamorado, apretaré un poco más las cuerdas alrededor de sus muñecas.
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