jueves, 8 de diciembre de 2011

Petición


El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso, y sigue temblando arriba y abajo, con el apoyo de la punta del pie en el suelo alfombrado. Mis manos sudan, y el ramo de flores se deshace ante tanta agitación. Compruebo mi pajarita y me coloco las gafas una, dos, tres veces. Por fin, oigo el crujir de una falda en el gabinete.  Aparece, harta de belleza, con los mechones de cabello rubio cayendo por su nuca. Su rostro refleja un estado de nerviosismo cercano al colapso. Me levanto de la silla para acercarme a ella, y entonces me desplomo.

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